Las baterías de carbono son baterías de plomo mejoradas con aditivos de carbono en la placa negativa. Ese cambio les permite soportar ciclado diario profundo y trabajar en estado de carga parcial sin sulfatarse, que es justo donde una batería de plomo convencional se estropea.

Qué aporta el carbono frente a una AGM
Una AGM convencional sufre cuando se queda a media carga durante días, algo habitual en una instalación solar en invierno. El carbono reduce drásticamente la sulfatación en esas condiciones y permite un número de ciclos mucho mayor con descargas profundas.
En cifras: donde una AGM da 500-800 ciclos al 50 % de descarga, una de carbono puede superar los 1.500 en las mismas condiciones y admite descargas más profundas sin castigo permanente.

Carbono o litio
El litio LiFePO4 sigue siendo superior en ciclos, peso y energía utilizable. La batería de carbono tiene su hueco en tres situaciones concretas.
La primera, presupuesto: cuesta bastante menos que el litio por kWh instalado. La segunda, temperatura: puede cargarse por debajo de 0 ºC, algo que el litio no admite sin calentador. Y la tercera, sustituciones en instalaciones antiguas donde el inversor y el cargador están configurados para plomo y no se quiere tocar nada más.

Cómo cargarla
Con perfil de plomo, aceptando corrientes de carga más altas que una AGM convencional, lo que reduce el tiempo necesario para llenar el banco. Conviene sensor de temperatura para ajustar la tensión según la estación.
Cualquier cargador o regulador MPPT de nuestro catálogo permite configurar el perfil adecuado.

Dónde tiene sentido
Instalaciones aisladas con ciclado diario y presupuesto ajustado, sistemas de respaldo que pasan largos periodos en carga parcial, y ubicaciones con inviernos fríos donde el litio obligaría a calentar el banco.
Si dudas entre carbono, AGM, gel o litio, cuéntanos cómo vas a usar la instalación y te decimos qué compensa de verdad a diez años vista: asesoramiento sin coste.